Desatás sin prisa
el tránsito tibio del crepúsculo.
Tus manos entre mis dedos
emergen silenciosas
en la sutil cadencia
de tus palabras tersas.
Vas arando en mi plexo
el trillo cálido de tus labios
y yo te aguardo en las abras
de mi mentón y mi boca,
cuando cae la noche.
sábado, 27 de diciembre de 2008
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